TERAPIA DE FAMILIA

La terapia familiar no implica que obligatoriamente tenga que acudir toda la familia a terapia, esto por el contrario podría provocar enfrentamientos y problemas importantes si previamente no ha sido indicado por el terapeuta. No siempre resulta necesaria la implicación de todo el grupo familiar.



Nos centramos en la persona o personas de la familia que son más susceptibles al cambio o que más ganas tienen de cambiar la situación. Cualquier cambio que se produzca en ellos, en sus actuaciones, en sus respuestas… implicará un cambio en el resto de los componentes de la familia. Seguramente si un padre deja de acusar a su hijo de mentiroso, y le deja de preguntar todos los días las mismas preguntas que no tienen sentido para el chico, este empezará a dar otro tipo de respuestas más adecuadas.


En una ocasión trabajamos en la consulta un caso de un niño que había dejado de comer (hasta el extremo que los médicos avisaron de que un kilo menos supondría el ingreso para la alimentación por sonda) y no llegamos a conocer al propio niño. Fueron los padres los que cuando terminaron la terapia nos trajeron fotografías del niño. Pudimos entonces conocer cómo era y había sido el niño.

En otras ocasiones, después de haber mantenido sesiones terapeúticas individuales con diferentes miembros de la familia, decidimos hacer una dinámica familiar, que incluía a todos los miembros de la familia o a parte de ellos.

A veces nos encontramos al otro lado de la mesa a una persona que no está motivada para cambiar, o quizá con alguien que no percibe ningún problema (como pasa algunas veces con los adolescentes que sus padres traen a consulta). A veces convencen a través de sus actuaciones cada vez más positivas, de que ellos no tienen que acudir a terapia, pero otras veces es mejor y más fácil que vengan las personas de la familia a las que realmente les preocupa el problema. La familia es una red de relaciones que se modifica cuando cambia cualquiera de sus componentes.